This is the USA

Hola hola hola, queridos amigos. Iba a titular esta entrada “Las bicicletas no son para el verano”, porque últimamente lo único que estoy haciendo es bicicleta (estática, eso si). Pero los sucesos acaecidos en Amherst, NY, este fin de semana me han obligado a titular la entrada de hoy con este contundente nombre. This is the USA.

Dejadme que os explique un poco mientras me pongo calorcito en la rodilla en la sala del fisio antes de ponerme a currar para mi vuelta a las canchas.

Han pasado muchas cosas. Hemos jugado 4 partidos desde la última vez que escribí aquí: Dos en Canadá (Sackville y la Isla del Príncipe Eduardo), y otros dos en un torneo en Daemen College, en NY. Entre unos y otros ha transcurrido una pequeña semana de 3 días en los que hemos tenido las primeras nevadas del año (aunque ninguna ha cuajado de verdad); el invierno ya ha llegado a Fort Kent. Y es que la mayoría de los días transcurren entre 29-32 grados Fahrenheit (que, para que os hagáis una idea, son -1,6 y 0 grados Celsius respectivamente, creo). Pero no me quejo. La calefacción en casa funciona, y, de todas formas, no paso mucho tiempo en la calle: De casa a clase, de clase a la cafeteria, de la cafeteria a casa, de casa al gimnasio, del gimnasio a la cafeteria… Y poca cosa más. Las ventajas de vivir a 30 segundos de la uni, supongo.

SACKVILLE Y PEI

Así que nos subimos en el bus del equipo a las 8 de la mañana, con un paso previo por la cafetería para comprar un par de cosillas para el viaje, y desayunar a tope. Cuando estamos dentro del bus (que no está mal, es una especie de micro bus, pero tiene bastante espacio entre los asientos. Eso si, a mi me toca compartir dos asientos con Jan, pero nos arreglamos, más o menos) entra un hombre que, al parecer, es del periódico de la zona (St.John’s Valley) y nos saca una foto. Aquí os la pongo, aunque, probablemente, sea una de las peores fotos de la historia:

De izquierda a derecha, primera fila: Emiliano, Darryl, Tom, Kevin, yo y Adam. Segunda fila: Manny, Jamar, Jan (encorvado) y TJ. En primer plano esta Harvey, el delegado del equipo (aquí lo llaman manager)

 

Así que nos sacan la foto y comienza un viaje bastante largo. Si cuando jugaba con la uni en primera nacional el viaje a Segovia nos parecía horrible, y eran 4 horas, este viaje es realmente matador: 7 horas con una parada de 15 minutos entre medias. Y en cuanto llegamos, a jugar el partido. Nada de dormir antes y jugar por la mañana; derechitos.

La universidad está muy bien, con edificios de estilo victoriano, y el gimnasio es parecido al nuestro. Nada impresionante pero tampoco pequeño. Otra vez más, todos los componentes del equipo contrario son blancos. Y, al menos a primera vista, nada espectaculares. Pero los primeros compases del partido nos hacen ver que, si bien no son un dechado de virtudes técnicas, todos, y cuando digo todos, quiero decir TODOS, pueden tirar de tres. Es más, es prácticamente todo lo que hacen. Tirar y tirar y tirar. Eso si, en ningún momento el partido se nos va de las manos, y siempre estamos en una cómoda ventaja. Victoria para el bolsillo. 2-0.

tras el partido, y después de intentar ligotear con algunas de las chicas del campus, nos vamos para el bus. Nos esperan 3 o 4 horitas de viaje hasta la Isla del Príncipe Eduardo (quizás a alguien le suene de ciertas novelas). Esta Isla tiene algo curioso, y es que está unida a territorio Canadiense por un puente, el puente de la Confederación, que creo es el octavo más largo del mundo, con una distancia de 13 kilómetros.

Aunque sinceramente, yo diría que mide más. Al menos a mi se me hizo eterno cuando lo cruzamos. Pero, al final, llegamos sanos y salvos, pese al viento (ya que las condiciones climáticas de la zona donde esta construido son bastante agresivas), y nos hospedamos en una de las miles “Comfort Inn” que hay distribuidas por toda américa.

A la mañana siguiente, tras tomar un desayuno “continental” (vamos, leche, zumo, y waffles con sirope de arce. Esa es la continentalidad estadounidense) nos fuimos corriendo, antes del partido, a un outlet deportivo que había cerca del hotel. Casi nadie compro nada, eso si. Pero total, por dar un paseo no va a pasar nada.

Como se puso a llover a mares (que raro por esta zona, ¿no? NO.) el coach tuvo que venir a buscarnos con el bus (ah, se me había olvidado, ¿verdad? el entrenador es el que conduce, nada de conductores de verdad. Intrusismo profesional de primera clase) y nos dirigimos a Holland College, a jugar contra nuestro próximo rival.

Por alguna razón (no me preguntéis porque no tengo ni idea) en vez de jugar en su gimnasio, jugamos en el gimnasio de un instituto cercano a la universidad. El parqué era bastante regulero y las canastas estaban un poquito bajas, pero no estamos para quejarnos.

 

Kevin haciendo el Usain Bolt en el gimnasio del instituto antes del partido.

 

Llega el equipo de Holland y bueno, tiene mejor pinta. Tienen tres jugadores negros que se marcan unos buenos mates en la rueda de calentamiento, y parecen un equipo más completo. Y cuando el partido comienza así parece ser: su mejor jugador anota 10 puntos seguidos, con dos triples y dos tiros de media distancia, y es secundado bien por los tiros de sus compañeros. Pero, tras un tiempo muerto y tratando de centrar la defensa sobre su mejor jugador, conseguimos irnos al descanso 16 puntos arriba, distancia que prácticamente no se mueve hasta el final del partido.

Así que tras la tercera victoria consecutiva, nos disponemos a volver a Fort Kent. Pero hace mucho viento, y está prohibido cruzar el puente de la Confederación. Una hora después, sigue estando prohibido. Dos horas después, aún no se puede… Al final, tras unas cinco horas de espera (durante las cuales nos tragamos un documental sobre Larry Bird y Magic Johnson, y otra película sobre baloncesto), nos dejan cruzar el punte. Y entonces, entendemos lo del viento. Porque el bus se mueve mientras el entrenador conduce hacia el otro lado. Y la puerta del bus se mueve también, con los empujones del viento. Y practicamente tienes que gritar para que se te oiga, del ruido que hay. No quiero ni imaginarme como debía ser antes, cuando no nos dejaban pasar.

Me pongo cómodo y, cuando lo cruzamos del todo (no es que tuviera miedo, pero mejor estar despierto si nos caemos al mar y tengo que luchar por mi vida para salir el primero a la superficie contra mis musculados compañeros de equipo), me quedo sopa. Un par de paradas después para repostar (gasolina y comida, claro) y 8 horas después, llegamos a Fort Kent a las 3 de la mañana. Entro por la puerta, tiro todas las cosas al suelo, y me tiro en la cama. Buenas noches, Maine.

 

LA SEMANA MAS CORTA

 

Lo dicho. Al día siguiente no voy a clase (entendedme, estaba muy cansado. Mamá, no leas esto). Me quedo durmiendo hasta las 2 o las 3, y luego me marcho al gimnasio a mirar que tal va mi rodilla con el fisio. Ya no llevo las muletas, y ando sin dolor, pero la noto bastante inestable, así que todo lo que me manda hacer es bicicleta.

A la clase de la tarde, First Year Experience, si que voy. Me toca hacer una exposición (mi primera exposición en inglés en público) y no me sale nada mal. Es sobre mi “Major”, y el por qué escogí UMFK para estudiar. El ambiente de la clase, el mas distendido de todas con diferencia, ayuda, y pasamos un buen rato. Luego, de vuelta al gimnasio a hacer un poco de pesas y algo de bici, y a dormir.

El martes si que hay clase, así que toca madrugar para ir a Sociología, y, luego, a mi preferida, Inglés. A la hora del entrenamiento me toca hacer bicicleta de nuevo, para variar, y después a la biblioteca: Vamos a estar desde el jueves hasta el domingo de viaje, así que hay que intentar adelantar un poco de trabajo para no tenerlo luego todo junto.

El miércoles es mi día libre de la semana, así que un poquito más de biblioteca y más bicicleta y pesas. A ver si, por lo menos, cuando vuelva estoy un poquillo mas fuerte, y que mi lesión no sea en vano del todo.

 

VIAJE A NY (PERO NO NYC)

 

8 a.m. de nuevo. El gimnasio, de nuevo. Pero llegamos allí y cual es nuestra sorpresa… Esta vez no hay bus. Bueno, miento; si que lo hay. Pero está ocupado por los chicos de soccer (fúrgol, para que nos entendamos), que van hacia el campeonato nacional de la USCAA. Así que suponemos que es una buena razón para que nos toque viajar en Van (o, en español de pueblo, fragoneta. Sin maracatones, eso sí) y en coche. Porque no cabemos todos en una sola furgoneta, claro.

Por suerte, yo me cojo el sitio donde puedo estirar mis piernas entre los dos asientos del conductor, y, por suerte, no viene ningún fotógrafo a sacarnos fotos para el periódico, porque sería algo cutre. Pero yo tenía mi cámara a mano:

 

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Ahí teneis a los 4 canadienses del equipo. Todos de Montreal. Ya conoceis a Emiliano y a Jan, y deberíais conocer a Kevin, pero por si no podeis asociarlo, es el que tiene un bonito gorro de humauaqueño. El otro es Jamar.

Y por ahora voy a parar, porque ya es de una extensión suficiente y no quiero aburriros. Además, mañana tengo examen de Sociología y, aunque empecé a escribir esta entrada en la sala del fisio, ahora mismo estoy en la biblioteca estudiando con Jan. No os impacientéis, que mañana o pasado escribiré la segunda parte de la entrada, de nuestras aventuras y desventuras (sobre todo desventuras) en el Empire State (que así es como llaman al estado de NY, no es que hayamos estado en el renombrado monumento).

Así pues, sin más dilación

See you soon, folks!

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